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Educación: Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez

EDUCACION: HEMOS GUARDADO UN SILENCIO BASTANTE PARECIDO A LA ESTUPIDEZ

Dr. Nelson campos Villalobos

Las palabras del título de este artículo vienen de una cita de Galeano, en Las Venas Abiertas de América Latina, una obra que hay que leer. A su vez, la cita viene de una proclama de la Junta Tuitiva, en la ciudad de la Paz, del 16 de julio de 1809, época de insurrecciones en la región y que se presta admirablemente, hoy en día, siglo XXI, para expresar lo que ocurre con la educación en esta tremenda y maravillosa porción de la América, cuyo nombre se emplea más en el mundo para nombrar  al gran país del Norte.

 Bastante tenemos en común los países de la América morena y la educación es una de esas similitudes: pobre, descuidada, de mala calidad, amenazada, sin voz y sin futuro.

¿Por qué esa comunidad no exige lo que necesita para salir de la pobreza e inmunizarse de una vez por todas de sus flagelos? Si pudiésemos mediante una educación de calidad inmunizar a los cientos de miles de pobres en contra de la pobreza, de la cesantía y darle movilidad social, habríamos derrotado al hambre y a la desesperación, a la enfermedad mental, al alcoholismo, a la prostitución y a la delincuencia.

Pero, los gobiernos no están a la altura de los anhelos de la población y se repite en cada nación de la región la misma situación, en donde los pobres no tienen esperanza alguna de salir del círculo poco virtuoso de la pobreza, que se nutre de los analfabetos, pocos por suerte, y los semi-analfabetos, los muchos aquellos que han seguido la educación obligatoria de tan mala calidad  que los ha dejado sumidos en la indefensión ante la vida cruel que nos ha traído el consumismo y el libre mercado. Esta filosofía del mercado sin fronteras ha destruido a las pequeñas empresas, ha sumido en las deudas a gran parte de la población, ha mantenido los salarios míseros y afectó el alma de los países, pues ya no sabemos a qué mundo pertenecemos porque las comunicaciones nos llenan de necesidades que no tenemos en realidad y admiramos a las naciones del primer mundo, sin saber cuán alejados estamos de ellos.

Se han creado multitud de universidades privadas, que son un negocio más, que se venden y transan cuál fábricas de fideos o de zapatos, con edificios excelentes (arrendados por organizadores  a la institución para sacar más dinero) y docentes que jamás podrían hacer una clase en una universidad de Europa o de los Estados Unidos porque no tienen los grados académicos necesarios. Y en ellas los padres invierten hasta 20 años de esfuerzos, pues esos estudios se contratan con créditos bancarios más caros que para adquirir una vivienda. Y después de egresar, los jóvenes no encontrarán trabajo, porque han seguido en una gran proporción estudios que no sirven para nada. ¿O creemos que los países necesitan decenas de miles de licenciados en diseño gráfico o industrial, en música, en turismo, en teatro y “ciencias de la actuación”, en locución, administración de edificios, en jardinería, o lo que sean esas “licenciaturas”? Si hasta la carrera de actor cómico callejero llegó a dictar una universidad privada chilena. Y no es broma. La mayor gran estafa provino de universidades estatales y privadas que alegremente reclutaron a más de 15 mil  jóvenes que estudiaron “ciencias criminalísticas” en un país que no requiere más de cinco al año y esos pocos son formados directamente por las policías. Los tribunales se llenaron de querellas contra esas universidades.

Para quien conoce las grandes Universidades de Europa y Estados Unidos, le resulta difícil aceptar que las privadas de la región sean verdaderas entidades de tercer ciclo, pues apenas tienen el 5% de sus docentes con doctorado y la mayor parte de los “académicos” son apenas licenciados y con menos de cinco años de graduación. Sin embargo, esas instituciones lucran con el mito que la educación universitaria da movilidad social a los egresados. En realidad, ello depende de dos factores: la calidad de la universidad y la carrera que se ha seguido. Por tanto, innumerables familias se han sacrificado en vano, porque lo único que lograron es tener un hijo cesante e indignado.

Es interesante notar que la educación –hablemos de escuelas y liceos- replican a la sociedad latinoamericana con gran fidelidad. Junto a los colegios que podrían estar en cualquier ciudad del primer mundo, encontramos la miseria de las escuelas gubernamentales, pobres, sin medios, con docentes esforzados pero mal preparados, mal pagados y sin esperanzas de movilidad laboral, social o económica. Mientras, el 10% o menos de la población se beneficia de la buena enseñanza y de las buenas universidades estatales, a las cuales no ingresan los pobres porque no tienen medios, porque las becas del Estado son miserables, porque los puntajes de los pobres en las pruebas de selección son también muy bajos.

Esta terrible situación, donde los ciudadanos no son iguales, donde se discrimina a la población originaria, donde las autoridades son elegidas a dedo, porque son del partido, dejan a los pobres sin solución alguna. Leí que en Chile el Ministro encargado de la pobreza licitó para su uso personal, en su oficina, un sillón de cuero que cuesta US$ 6.500, suma con la cual se habrían construido tres casas para las familias que aún viven en carpas en la zona más afectada por el terremoto de hace más de un año y que aún viven –cientos de ellos, en las peores condiciones humanas. Y ese es el país donde los políticos de la derecha dicen que en cinco años más será un país desarrollado. Pero el estado favorece al burócrata cruel que no tiene idea de qué es la pobreza y se supone que es quien dejará sin pobreza a ese país. Salvo que los extra-terrestres se lleven a los pobres, no veo cómo dejarán su situación, si atendemos a la preocupación que tiene el Sr. Ministro, para quien un mueble de colección es más importante que un niño desamparado.

En ese país, que orgullosamente muestra sus logros económicos, sus miles de millones de dólares ahorrados en bancos del primer mundo, sus inversiones en los países vecinos, su ministro de educación, ante una riña entre estudiantes, anuncia a la prensa que expulsó a los niños participantes, varios de ellos son alumnos desamparados y que se supone estaban bajo la protección de una entidad fiscal. Y un ministro a cuyo cuidado está la educación y en especial la de los más desfavorecidos no le importa ni la condición inhumana en que viven esos niños ni su pobreza ni su precariedad, entonces solamente veo que mi argumentación es correcta: a nadie le importa realmente la educación ni su calidad.

Si les importara, no se comprarían, en nombre del pueblo, aviones de guerra de última generación que solamente enriquecen a los países del primer mundo, porque no solamente se compran las aeronaves, sino todos los repuestos, las armas, las municiones, los misiles y el entrenamiento para las tripulaciones locales y no tenemos helicópteros ni aviones cisterna para las emergencias, tan frecuentes en la región. Este tema de las armas, que nos desangran, no se ha podido controlar solamente porque toda compra de esa magnitud se asocia a la corrupción. Es extraño que tanto durante las dictaduras como fuera de ellas se siguen comprando tantas armas, descuidando la salud y la educación que es lo que realmente necesitan los sufridos pueblos.

Por lo mismo, extraña a la vez que los afectados no eleven su voz ni presionen a sus representantes, los políticos, para que de una vez por toda se preocupen realmente de lo único que puede favorecer y hacer crecer a un pueblo: la educación.

Pero, ¿Quién se da cuenta del malestar que hay en las personas? La violencia en los estadios, la violencia en los hogares, la atroz delincuencia que ataca los casas  de los más pudientes , la agresividad en los colegios, la corrupción que observamos, el acallamiento de la prensa de oposición, casi inexistente en algunos países, todo ello debería ser una alarma que debería resonar en la mente de los políticos y en los gobernantes. Todo la rabia que observamos  es una demostración del malestar que nos abruma al ver tanta inequidad y tanta desigualdad, que es fruto de los gobiernos ineptos y corruptos que hacen más daño que bien a las sufridas poblaciones. Las venas de América Latina siguen abiertas, no por enemigos externos o imperios económicos ajenos, sino por nuestra propia gente, a la que empoderamos para que nos gobiernen, pero que una vez en el poder se olvidan de los niños que besaron, las viudas que escucharon y a los pobres a quienes  sonrieron en busca del voto fácil, esto es, de los incultos y desinformados. ¿No hay una conspiración en esa conducta?

No creo que los más ricos tengan la intención de pagar mejores salarios a trabajadores bien entrenados, a técnicos de calidad ni a profesionales de altos estudios, porque pagar poco es la manera de hacerse rico en poco tiempo. A las grandes empresas no les conviene pagar altos salarios o se irán a lugares menos costosos, como el Asia o los países más pobres del África. Pero en esa argumentación del siglo pasado, algo no marcha bien, porque una población educada permite avanzar realmente hacia el desarrollo y estar al día en las nuevas tecnologías. Ya lo hemos visto en Chile, cuando la dictadura dispuso de una población que tenía un buen estándar educativo, fruto de décadas de esfuerzos y que tenía una formación de maestros de primer nivel en las Escuelas Normales. Con esa fuerza laboral educada lanzó las bases para abrir el país al libre mercado, lo que consiguió sin dificultades. Pero, como el país se quedó sin volver a la calidad de enseñanza que se había logrado antes de Pinochet, nos quedamos con el tremendo problema que tenemos ahora: mala calidad y comercialismo de la educación a todo nivel. Como señaló un empresario extranjero: cuando tenemos problemas con los técnicos locales o no los hay, traemos los que necesitamos del extranjero.

Lo anterior se debe a que a los jóvenes no les interesan las carreras duras, como las relacionadas con matemáticas, química, física, óptica u otras que tienen un nivel de exigencia más alta que las ya nombradas de turismo, diseño, artes de la representación, comunicaciones, teatro, etc. que les parecen más entretenidas y fáciles. Con eso tienen tiempo de sobra para los fines de semana, cuya celebración empieza desde el viernes a mediodía y no para hasta el domingo, con lo cual han contribuido al alza de los accidentes de tránsito, muertes por atropellos y choques y en el futuro, por cirrosis y alcoholismo. Con lo cual en unos treinta años más tendremos una gran población de cesantes con “licenciaturas” y con enfermedades metabólicas, psiquiátricas y patologías severas por drogas, además de altas tasas de suicidio y de violencia intrafamiliar. ¿Eso es lo que queremos como países? Creo que no y entonces, ¿Qué hacen los políticos? O también son “licenciados” y no entienden de nada?

Para que no sigamos guardando un silencio parecido a la estupidez, los estudiantes de los países deben exigir a los políticos que se preocupen de ellos, que revisen las políticas públicas  de educación, que den mejores oportunidades de inmunidades ante la pobreza, la cesantía y logro de movilidad social a los más pobres y  para que la educación a no contribuya a aumentar la desigualdad económica en relación al 10% más favorecido.

Las nuevas generaciones se extrañarán de la situación que comento y preguntarán a sus abuelos por qué nadie elevó su voz ni gritó estas verdades en la calle ni se hicieron huelgas ni protestas en contra de la mala calidad de la educación. La respuesta está en la cita de 1809 en Bolivia: HEMOS GUARDADO UN SILENCIO PARECIDO A LA ESTUPIDEZ

 

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Auth
Auth dijo:
26/04/2012 a las 17:55
Muchas Gracias por los comentarios, que se han prioucddo tanto en el blog, como en Twitter, Facebook y sobre todo en Linkedin.Esta es la grandeza de Internet, la posibilidad de debatir, apoyar, discrepar, compartir Como ya comente a Marat directamente por correo, al citar el blog la â??Barricada cierra la calle pero abre el caminoâ?? lo hacia en el contexto del origen del movimiento â??Plataforma de coordinacif3n de grupos pro-movilizacif3n ciudadanaâ??, quize1s no quedaba claro, ased que introducida queda la modificacif3n.Muy acertadas las observaciones de Sergio. Aunque quize1s el binomio no debiera ser tanto organizaciones formales-movimientos sociales, (no era esa mi intencif3n) si no organizaciones 1.0 frente organizaciones 2.0, (que pueden ser formales o no) Las organizaciones formales son necesarias y posiblemente se deba tender a la formalizacif3n , el problemas es que tipo de modelo de formalizacif3n. Pero es clave lo que planteas para la transformacif3n social es necesaria la diversidad de asociaciones y movimientos (a objetivos complejos estructuras complejas) y hacer me1s porosa esa frontera (que existe objetivamente) entre los movimientos formales e informales.Jaime, muy enriquecedora tu aportacif3n desde Mexico, nos af1ade nuevos factores a tener en cuenta. La diversidad de visiones desde realidades distintas nos aporta diferentes puntos de vista.Arancha, es posible que las organizaciones observaran al movimiento y subestimando el resultado final, en cualquier caso un grave error. Completamente de acuerdo el problema no es el cambio, el problema es la gestif3n del cambio.Antoni, es determinante y fundamental el respeto a las diferentes opciones que participan y sobre todo debemos dejar tiempo. Es un tema esencialTito eso es un amigo, breve y conciso Muchas gracias por vuestros puntos de vista y reflexiones bfSE ANIMA ALGUIEN MAS?
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