FILOSOFIA Y POLITICA PRÁCTICA PARA EL SIGLO XXI: EL MAQUIAVELO POST MODERNO
Dr. Nelson Campos Villalobos y Daniela Campos Pereira (Abogada y Lic. en Derecho)
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INTRODUCCION
No hay duda en que Maquiavelo fue un político pragmático y un filósofo del relismo político, el que se basa en la experiencia, en la intuición y en el conocimiento profundo acerca de la mente humana y de sus instituciones. Hacia allá dirigía sus pensamientos cuando aconseja al Príncipe (el gobernante, la autoridad). Maquiavelo fue además un buen psicólogo porque conocía en profundidad las bondades y miserias del hombre viviendo en sociedad y del gobernante astuto que trata de mantenerse en el poder agradando a los subditos, pero sin claudicar para llevar adelante sus planes.
Maquiavelo es un buen inspirador de toda persona que participe en esa actividad descarada, desvergonzada, intuitiva y atrevida que llamamos actualmente política, que carece de moral pública y personal, donde se hace lo que se quiere sin pensar en las consecuencias de los actos ni en los efectos perversos que provoca su desempeño y el poder se busca para sí y sus seguidores próximos.
La idea de este ensayo es argumentar cómo puede proceder la única alternativa que se ve viable, la del centro político, pues las masas están cansadas, aburridas y maltrechas por décadas de gobiernos que se dicen de izquierda o de derecha.
Este trabajo no es crítico, en el sentido que no establece comparaciones con los Partidos existentes, puesto que el interés está en mostrar justamente lo contrario, una alternativa partidaria novedosa. Por lo mismo evitamos los juicios de valor que inevitablemente surgen al comentar un camino ideológico cuya base está en sustentar una línea de acción que resulte diferente.
Lo que el filósofo observa en nuestro país, es que los términos que se emplean en política y comunicación social suelen contener ilogicidades que hacen incomprensible e inaplicables los conceptos. Por ejemplo, se nos pide atender a las diferencias, tales como el género, pensando que con esa actitud se logra la igualdad, pero es exactamente al revés, ya que la tolerancia verdadera está en ignorar las diferencias, no acrecentarlas ni producir preferencias de cualquier signo, no para ocultarlas, negarlas o no cambiarlas, sino que es justamente para evitar que al acentuarlas se olvide la tolerancia, que es el bien principal. La equidad es otro concepto equívoco ya que su correcto significado no lo hace idéntico al de la igualdad, pues lo que indica es que al que es desigual se le otorgue compensación justa, siempre que como indica Rawls, la diferencia social no sea producida por su culpa.
Por los errores semánticos tan comunes en el lenguaje político, en este trabajo se tratará siempre de entregar definiciones operacionales de los términos empleados. Recordemos que los filósofos chinos enseñaban que la verdadera sabiduría comienza con el correcto empleo de las palabras.
Desde el punto de vista de la modernidad reciente, el político en su trabajo tiene un espacio-el social- y un recorrido cognitivo –la historia- entendida esta última como ideología.
En este contexto, la política puede ser definida como el arte de gobernar un país y la doctrina necesaria para lograrlo; aquí tiene cabida la acción del gobernante o de quienes aspiran al poder político, así como la acción de los ciudadanos en cuanto a su participación en la res gubernamental.
Por su parte, la ideología política puede considerarse como el conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de un individuo, una colectividad o una época o un movimiento social. Para Hegel la historia era la ideología y como tal podía finalizar. En la actualidad se ha demostrado el valor de esa idea puesto que al desaparecer la ex Unión Soviética, que detentaba una de las dos más fuertes ideologías del mundo, no dejó herederos de igual potencia de pensamiento político y vemos que en la actualidad se ha renegado del marxismo y han quedado vigente solamente pequeños resabios en el mundo, como se observa en la China que se acerca al modelo occidental en la economía y en Cuba que da pequeños pasos políticos en dirección contraria a la que mantuvo por medio siglo. Por lo mismo, en esa reducción filosófica que se ha producido inevitablemente en el siglo XX, las ideologías dominantes en el presente son solamente cuatro:
Liberalismo
Socialismo
Nacionalismo
Anarquismo
Tampoco hay una distinción absoluta entre ellas, pues se dan frecuentemente las superposiciones de algunos planteamientos que son transversales. Por ejemplo el principio de la libertad personal es transversal a todas, así como el enunciado del pluralismo y la tolerancia política y religiosa, la adscripción al razonamiento científico y al progreso de las ciencias; el apego a la defensa de los derechos humanos, la defensa del medio y la protección a los menores y la defensa justa del territorio y la nación.
¿Qué es lo que queda si sacamos las diferencias?
a) Adscripción a modelos ecológicos más o menos duros
b) Apego a un sistema político determinado
c) Aceptación o rechazo a la propiedad privada
d) Libertad de religión
e) Libertad o control de la educación pública y privada
f) Apego a un sistema económico en particular con apertura o cierre del comercio internacional
g) Participación más o menos fuerte del estado en la educación
h) Valores humanos universales reales o simples enunciados
i) Principios éticos distintivos
¿Dónde están entonces las diferencias?
En los valores sociales en cuanto a su ordenamiento o jerarquía; la adscripción a modelos de equidad basados o no en la compensación , de igualdad, sea esta al inicio o en el curso de la existencia; de tolerancia (la indiferencia ante las diferencias); de modelos de familia; de esquemas morales propios, de tipos o modelos de escuela; de responsabilidad del Estado ante los derechos humanos o ante la reparación de negligencias y abusos del propio Estado, de formas de llevar adelante la equidad; la organización y tamaño del Estado, las políticas exteriores, el acercamiento o rechazo a ideologías políticas; las alianzas militares; el respeto al medio; la promoción de nacionalismos o la aceptación de la globalización; el centralismo administrativo o la regionalización administrativa del Estado..
Por ello, cualquier Partido tienen mucho en común con los otros y las diferencias se hacen pequeñas, por lo menos en el mundo occidental. Por lo mismo dentro de los Partidos se suelen generar fuertes discrepancias debido a que la ideología es ambigua o se hace muy transversal, de modo que el pensamiento de las directivas deja espacio a las disidencias, lo cual era inimaginable treinta años atrás. La ambigüedad ideológica favorece internamente la aparición de la crítica al accionar de las autoridades, lo cual no es bueno para la continuidad y permanencia de los partidos políticos.
CAPITULO 1
LA TRAGEDIA DE LAS IDEOLOGÍAS: IZQUIERDAS Y DERECHAS SE DESMORONAN. LOS BORDES DIFUSOS DE LAS LÍNEAS DE PENSAMIENTO.
Antes, un Partido político se definía ya desde el nombre que adoptaba, en donde las ideologías estaban presente desde el bautizo mismo del conglomerado. Las palabras republicano, nacionalista, cristiano, federal, liberal, marxista, conservador, acompañaban siempre al nombre escogido. Para el partidario la adscripción era fácil porque la división entre izquierda y derecha era nítida y se traducía en un gran proyecto de gobierno para quien llegaba al poder, tan diferenciado uno de otro que no cabía ninguna similitud. Esa misma nitidez de pensamiento revestía el peligro de la división interna del país entre quienes adherían y quienes rechazaban el proyecto a priori, sin análisis, como ocurrió en nuestro país en los años sesenta y setenta del siglo pasado. Las diferencias impedían el diálogo y se producía el inevitable choque entre los que gobernaban y los que habían quedado marginados del poder lo se traducía en una feroz oposición que ahogaba el desarrollo del proyecto político de unos y otros, convirtiendo a los idearios políticos en una eterna confrontación sin cooperación alguna posible. La palabra revolución estaba siempre presente entre los que no tenían el poder político.
La izquierda política se puede definir como la tendencia ideológica que se adscribe al socialismo, al marxismo o a la llamada corriente progresista, que busca conseguir mejoras sociales para la llamada clase trabajadora. Ante los cambios políticos ocurridos en Rusia, los teóricos del marxismo tienden a considerar todo el anterior aparataje ideológico como una forma de estudiar y comprender la realidad, sin otras pretensiones, relegando a Marx al ámbito meramente académico.
La derecha se define como el conjunto de partidos o personas que se adscriben a una línea de pensamiento conservador o moderada; profesan tendencias referidas a las instituciones tradicionalistas o a los intereses de las instituciones seculares que se mantienen en el tiempo.
El centro se define como el conjunto de personas e instituciones que tienen una actitud conciliadora entre los intereses de la izquierda y de la derecha y se adhiere a principios que son transversales a ambas dicotomías políticas. Una buena definición de partido de centro es señalar que posee a) tendencia progresista en lo social, b) alejada de los extremos violentistas, c)democrático en su esencia d) cuyo compromiso es el futuro desarrollo del país y no la discusión de temas ya superados por la historia; e) está centrada en el hombre y en sus necesidades, f) que busca la libertad y la justicia como principios ordenadores de la sociedad y g) que posee la independencia y la voluntad necesarias para hacer un gobierno para todos los chilenos.
De lo anterior se llega a que los Partidos de Centro son los que tratan de tomar distancia entre la izquierda y la derecha porque son conciliadores, liman asperezas y contribuyen a hacer los bordes ideológicos más o menos difusos, de manera de aunar voluntades con una línea suave, atenta a aprovechar el descontento que los extremos provocan con su intolerancia e intereses propios de cada paradigma. Tratan de ocupar el nicho político vacío entre la izquierda y la derecha, sin ocupar por los extremos. Sin embargo, en el pasado, los extremos eran tan poderosos que ejercían gravedad sobre estos Partidos de Centro prestándoles ideología, buscando su apoyo o haciéndolos objeto de rechazo. La gran crítica que hace tanto la derecha como la izquierda, es que los partidarios del Centro no tienen compromiso y son fruto de la indefinición y de las eventualidades políticas. Se les veía como simples oportunistas ansiosos de poder. Como se espera que todo ciudadano se adscriba a un ideario y que nadie puede ni debe estar al margen de las posiciones ideológicas, se niega que los partidos de Centro tengan ideologías propias, lo que ciertamente es un prejuicio y como tal, esa argumentación es falaz.
Si un Partido político no tiene ideología y no explicita sus principios éticos no tiene razón de existir, será siempre un Partido instrumental, que cumple objetivos de corto plazo que no son siempre ni buenos ni morales y que por ello mismo no creará lealtades, que era la característica del Partido político tradicional del siglo XX. A su diferencia, los actuales Partidos, más parecidos a los instrumentales, funcionan como grandes corporaciones, haciendo uso de los recursos publicitarios, de personal y de dinero como toda empresa de su magnitud. Esto porque las ideologías, difuminadas, muy parecidas, no tienden al logro de las ideas sino al logro de proyectos mayoritarios que aseguren su permanencia en el tiempo. En cambio, las ideologías verdaderas se sustentan a sí mismas mediante una abundante literatura y el accionar de miles y miles de personas que buscan representación política en base a sus creencias y opiniones.
Si como señalaba en la introducción las ideologías actualmente tienen bordes difusos y la humanidad busca posiciones políticas menos confrontacionales, entonces los horizontes de ideas se han acercado tanto que cuesta diferenciar los muchos matices en que se dividen las ideologías similares. Un horizonte ideológico tiene una extensión y un recorrido en las ideas que está tomado de modelos históricos universalmente acreditados, que se nutre en el pensamiento de grandes ideólogos y filósofos. Esa caracterización en el mundo de las ideas es lo que le da su sello propio al Partido de ideas o que pretende representar al sentir de las mayorías del país.
Las ideas no cambian: las personas cambian y al hacerlo surgen nuevas necesidades y nuevas maneras de ver las cosas por lo mismo el partido debe estar al tanto de las necesidades de las personas y en permanente comunicación con las bases.
¿Cuál es la tragedia de las ideologías?
El problema del cambio no está en las ideas, como decíamos, sino en las personas que sienten, piensan y son críticos. El pensamiento político se ha globalizado, porque las experiencias exitosas o frustradas se conocen al instante; los modelos económicos y los sociales se ven enfrentados al escrutinio diario. Entonces, las ideas se cuestionan si no dan frutos inmediatos; los gobiernos caen en su popularidad cuando los eventos externos o internos producen irritación y malestar, porque los gobiernos son la parte visible del poder. Hay un desgaste natural que se evidencia cuanto más largos son los períodos de gobierno, por el natural desencanto que se va produciendo. Es como una cinta que se toca mucho, va adquiriendo un ruido indeseado. Es también natural que las ideas no funcionen tan bien cuando se gobierna como en el papel, porque la realidad es cambiante, tiene un orden que no siempre se hace visible en el corto plazo y tiene una dinámica que obliga a flexibilizar las líneas de pensamiento; los intereses también cambian y el eje del accionar político puede bambolearse en torno a los problemas, empleando estrategias y principios de los que parecían ser sus contendores. Las alianzas, basadas en intereses diversos y concepciones ideológicas diferentes en puntos controvertidos, suelen dar frutos también inesperados que no dejan de sorprender a los seguidores, que no suelen estar informados de las dinámicas que produce la realidad diaria de un país..
En el marketing de los Partidos, las ideas, que se han globalizado, se han hecho transversales y las diferencias entre las izquierdas y derechas se han reducido simplemente a los aspectos económicos de los gobiernos, pues todos los valores universales son aceptados y respetados. Por ejemplo, la democracia, con sus imperfecciones, es el modelo universal que se ha demostrado más válido y menos malo y aún los Estados que tienen monarquías se manejan democráticamente y poseen estructuras de ese tipo, sin excepciones, en el modelo occidental. Los derechos humanos son otro ejemplo de estas transversalidades; así como la no intervención en los asuntos de otros países, la protección universal a los niños y el decidido interés en el progreso social de la nación.
En este contexto, las derechas duras o las izquierdas duras no gozan de popularidad en este mundo globalizado porque de alguna manera se asemejan a las dictaduras y son motivo de crítica nacional e internacional.
La tragedia de las ideologías es que pese a todos los esfuerzos que se realizaron en el pasado por mantener ventajas sobre sus contendores, ninguna, ni la izquierda con su mensaje comprometido ni la derecha con sus propios intereses económicos y el hermetismo sobre sus proyectos, lograron mantener algún predominio. Lo único que venció fue el éxito aparente de las políticas económicas liberales en todo el mundo occidental.
Examinemos brevemente lo que ha ocurrido en la última década en Chile. La DC perdió la ventaja que tenía por sus principios, al acercarse, al menos en Chile, al discurso de la izquierda, dejando libre el centro verdadero para nuevas ideas; la derecha, por su parte, trató de separarse del peso histórico del gobierno militar y acercarse a un discurso conciliador con atisbos sociales moderados. El PR se alejó de su discurso de velar por la clase media y se diluyó en un socialismo debilitado; el PC mantiene un discurso de izquierda basado en los derechos de los trabajadores renegando del marxismo leninismo en otros temas. El PPD fue creado como un partido que aunaba muchos intereses políticos variados con un propósito muy claro: volver al gobierno democrático del país.
Entonces, tenemos Partidos sin ideologías claras, con lo cual se le da la razón a Hegel y a su comentarista moderno Francis Fujuyama puesto que la historia (las ideologías) tienden a su fin, al comenzar la fusión que empezó con bordes difusos para llegar a entendimientos conciliadores y universales; a las uniones deliberadas con otras ideologías y a la reducción hacia solamente cuatro grandes grupos ideológicos. Atendiendo a lo que ha ocurrido con la dilución ideológica, las personas necesitan saber qué piensan sus dirigentes sobre determinadas materias, porque en el fondo todos recibimos la influencia de los medios de comunicación y queremos ver nuestras opiniones reflejadas en la conducta de nuestros políticos, que son y deben ser nuestros referentes. ¿Sino para qué los elegimos y votamos por ellos?
Las ideologías, de complejas teorías sociales se han convertido en enunciados y principios, con pocos fundamentos teóricos y son operacionales al máximo, sin raíces históricas, con escasos caudillismos y con valores transversales. Eso es lo que quieren las personas, menos literatura y más acción. Las ideas sencillas, directas, enunciadas correctamente, son las que mueven al mundo como un slogan de la TV. Lo que hay que evitar es que los enunciados carezcan de sentido. La mente del hombres y mujeres actuales es pragmática, mucho más simple que en el pasado. Por lo mismo, no hay pensadores post modernos de la complejidad y profundidad de Kant o de Heidegger. Las últimas elecciones municipales han demostrado esta realidad: ningún candidato presentó ideas; los carteles en general mostraban fotografía del candidato, ya sea sólo o apoyados por una figura de mayor representación. Más que un concurso por el mejoramiento de las municipalidades parecía un concurso de belleza retocada, juventud trasnochada y alegría forzada. El elector común ha sufrido una transformación: ya no vota por proyectos ni por ideas, vota por personas conocidas, se ve arrastrado por la marea del marketing político y por lo mismo los jóvenes se mantienen al margen del proceso electoral, pues ellos, que son los únicos idealistas, desean y anhelan ideas y proyectos claros.
¿QUE ES UN PARTIDO POLITICO?
Un Partido político es una entidad de base social, democrático en su gestión, destinada a contribuir al pluralismo ideológico, caracterizado por una línea de pensamiento político, que tiene representantes en el Congreso y su fin es representar a los militantes y a su línea ideológica. Surge como la esencia de la libertad de asociación.. Expresan respetar la Constitución y las leyes del país. Sus principios se establecen en los estatutos, los que son consensuados; hay una reflexión continua sobre los fines del Partido y los frutos de su accionar. Por supuesto que el poder político es el objetivo no explicitado, que tiene por afán superior el mejorar al país y a su gente.
Desde el punto de vista operacional, el Partido político exhibe una ideología, una forma de ver la política y al poder que lo hace distinto de otros partidos. La ideología es lo que dirige su existencia, pues genera un comportamiento que es el esperado por las bases constitutivas. Si el Partido se aparta de las ideas propias, entonces, como bien se ha demostrado en el proceso de pensamiento, se generan sentimientos disociadores, como el desconcierto, el rechazo y el negativismo a continuar con el apoyo de parte de los integrantes hacia la cúpula que detenta el poder.
El Partido político constituye en última instancia un proyecto de vida ciudadana, vertebrado por un grupo de ideas fundacionales que conforman un verdadero catecismo político; es una doctrina válida y probada, seguida por muchos y que al llegar al poder puede entonces el Partido desarrollar plenamente porque sus seguidores han mostrado la confianza en que esas ideas directrices son buenas. Desde este punto de vista, obligadamente un partido está determinado al poder, ya sea como entidad única, o compartiéndolo en alianzas. Sea como se de el manejo del tema poder, nunca existe un solo partido gobernando, porque los hilos del poder se trenzan en alianzas con personas o con otros partidos, ya que los sistemas modernos implican formas de co-gestión gubernamental, como ocurre en los parlamentos, donde muchas veces concurren también los partidos de oposición en el apoyo de iniciativas que convengan a sus partidarios. O sea, no se niegan la sal y el agua solo por estar en bandos contrarios, por la misma transversalidad de las ideas más influyentes en la política moderna.
La doctrina se entiende, entonces, como el conjunto de ideas y opiniones filosóficas y políticas sustentadas por el Partido. De ello se desprende que hay que distinguir esas ideas de la puesta en práctica del accionar político: la brújula directriz está constituida siempre por las ideas del proyecto político; las acciones políticas son la ejecución del proyecto partidario. Suele ocurrir alguna disociación entre la ideología y la praxis del proyecto, la que se advierte en los Partidos tradicionales, en los cuales las ideas fundacionales se han abandonado en pro de la ejecución de proyectos influenciados por otros Partidos y grupos que comparten de alguna manera el poder.
El drama de los partidos en América latina, está en el fenómeno de la volatización electoral, que como señala Rodrigo Borja, hace que en cada elección quienes gobiernan pierden votos, debido a su propia inconsistencia, su inestabilidad y agregamos nosotros, debido a sus incongruencias internas.
Resumiendo estas ideas, el partido político puede ser considerado como una empresa, con personas, financiación, propiedades y equipos, que tiene metas y objetivos claros, transparentes, cuya principal aspiración es obtener o compartir el poder y todo esto unido forma el proyecto de vida política que se quiere dar.
¿QUÉ ES EL ESTATUTO EPISTEMOLOGICO DE UN PARTIDO POLITICO?
Los partidos políticos son un bien que es universal en el mundo actual, pero ante la comunidad deben tener diferencias importantes, trascendentales entre sí de manera que puedan ser caracterizados y apoyados y seguidos por su doctrina, que es única, particular, distintiva. El estatuto epistemológico significa en términos comunes, que se cuenta con un ideario basado en el conocimiento que del mundo, del país, de la sociedad chilena, posee el Partido, como entidad viva, formado por personas, en permanente desarrollo y auto-valuación. El estatuto posee una orientación filosófica propia, conocida y compartida con los partidarios. Es como el funcionamiento práctico de la ley del tránsito: Yo conozco y respeto las reglas y sé que todos los demás también las conocen y respetan. De otra manera ¿Para qué tener esa ley? Como puede intuirse inmediatamente, del estatuto epistemológico surgen, naturalmente, los argumentos propios del proyecto político, su misión y sus objetivos.
Un Partido tiene una conciencia política, tal como toda persona la posee: es un darse cuenta de su existencia, del lugar que ocupa en la sociedad, de donde viene y hacia que objetivos marcha; qué desean sus partidarios y que desea el país; qué sentido tiene el poder y para qué lo requiere y por qué hará las cosas mejor que los otros Partidos. Esa conciencia es la que permite a los directivos proponer proyectos y líneas de trabajo, el asignar prioridades y medios y personas para que sus logros sean buenos y justos. De ahí, de esa conciencia, surge la ética partidaria, que conduce al Partido hacia lo que es bueno, correcto y justo para el país. La democracia partidista el la que impide el mal uso del poder porque el político está sujeto siempre al escrutinio de las bases.
Hay que considerar que cuando los partidarios se adscriben a la línea de pensamiento del Partido, están esperando un real cumplimiento de los postulados o se sienten engañados, usados, manipulados. Recordemos que la inscripción en los Registros del Partido equivale a un contrato, en que hay promesas que cumplir por ambas partes y ese contrato basado en la ideología no puede ser ambiguo si desea ser creíble y viable.
Resumiendo, el estatuto epistemológico es la doctrina que vertebra ideológicamente al partido, proporciona el ideario, entrega argumentación para el accionar y deviene una moral propia compartida por todos los seguidores. Este estatuto que distingue e identifica al partido de los demás; le otorga el sabor propio, inconfundible, necesario para tener la confianza de los electores.
CAPITULO 2.
LAS IDEOLOGÍAS POLITICAS Y LA ETICA DE LA POLÍTICA
Definamos qué es una ideología política: Se puede entender cómo una visión sistemática, elaborada, sobre una particular visión del mundo, de la realidad social y filosófica, a la que abrazan los adherentes a esa particular cosmovisión. Posee ideales, principios y pensamientos que no solamente abrazan a la realidad, sino que tienden a comprenderla para buscar su aplicación práctica en el gobierno de un país. Es algo bueno y necesario, porque orienta hacia los fines que tiene un Partido político y se origina en una reflexión ética de cómo hacer las cosas para constituir un buen gobierno o el uso del poder que la nación delega en el político.
De los pocos factores distintivos que tienen los Partidos políticos, quizás el más visto podría ser el ético, que desde Aristóteles se conoce como importante, pero que no suele mostrarse con la fuerza necesaria para hacer interesante a la ideología para los partidarios. Por ejemplo, la frase tan conocida de los profesionales sobre su apego a la ética, no suele escucharse entre los políticos justamente porque carecen de un código deontológico explicitado. Sin embargo, en la vida diaria prácticamente no hay tema de interés ciudadano que no tenga que ver con esta materia. Las películas, las teleseries, las noticias, están siempre girando, aunque no se explicite, en torno a temas éticos. La educación, la salud, la justicia, la equidad, la igualdad, la participación ciudadana, la responsabilidad, son todos grandes temas éticos. Toda la reflexión que hace un político sobre su quehacer es también un tema que se convierte en moral.
Definamos operacionalmente ambos términos, para evitar la confusión habitual:
La ética es la reflexión, es la mirada que se hace sobre los grandes temas de la sociedad: la justicia, la política, los derechos de las personas, la tolerancia, lo que es justo, lo que es correcto, lo que es bueno para el pueblo. La discusión sobre el aborto es la tarea de la ética; el prohibirlo o tolerarlo es asunto de la moral.
La moral son las normas que se aplican a las personas y esos preceptos vienen desde la ética; es la práctica de la ética. La ética es normativa y los códigos llamados de ética en realidad son códigos morales.
Si se observa el elevado rating de los espacios de TV en que participan políticos, el alto interés en esos programas de TV o radio ello no está en verlos opinar sino es por saber qué opinan, cómo perciben los hechos sociales, qué medidas proponen, qué argumentos emplean; quieren saber si hay concordancia entre las ideas y lo que el político hace. De ahí surge una imagen de lo que el pueblo, la masa, quiere de sus políticos: mayor visibilidad y mayor sintonía con los problemas sociales.
A diferencia de los políticos de los países desarrollados, los nuestros no han profesionalizado su presentación ante las masas; carecen de asesores de imagen, de asesores ideológicos, quizás justamente porque en nuestra América no se ha visto el quehacer político como una profesión de tiempo completo al cual hay que dedicarse de cuerpo y alma e invertir en alcanzar una imagen propia del estadista, del hombre serio, intachable en su moral, firme en sus principio, en fin, confiable.
Como todo comportamiento en la sociedad, hay normas para ello y la ética, esa larga reflexión del político, se hace pensando en las consecuencias de su accionar, en su libertad para pensar en los grandes problemas de la sociedad. La altura de miras, la política del futuro y la política de la responsabilidad son el fruto o consecuencia de ese pensar ordenado, lógico, transparente y limpio.
Veamos qué es un político: es una persona que participa, que interviene personalmente en las cosas del gobierno y en sus emprendimientos, que es elegido por el voto popular, que desempeña un servicio al país, que promete o jura cumplir con su deber, por lo cual su honor debería estar comprometido y que es responsable de sus actos de frente al país y de sus pares.
Tanto como ocurre con el político y con la gran política, la que trasciende al tiempo y al espacio, la que da proyecciones sociales y es motivadora de una obra de largo alcance, es la reflexión ética. Las grandes preguntas de esa naturaleza para el político son:
¿Estoy actuando de manera justa, correcta y buena?
¿Es mi accionar digno de ser imitado por los demás políticos?
¿Estoy evitando los efectos perversos en mi accionar?
¿Estoy empleando a los demás como si fuesen un fin y no un medio?
¿Estoy pensando en el futuro y en las consecuencias de mi accionar?
¿Estoy siendo consecuente con mis ideas y valores o soy un simple instrumento partidario?
¿Se beneficiarán las personas realmente con la ley que estoy votando?
¿Estoy contribuyendo a la equidad del país?
¿Estoy contribuyendo a la justicia para las personas?
¿Son mis actos correctos, justos y buenos?
¿Estoy siendo responsable de mis actos?
¿Estoy contribuyendo fielmente al desarrollo del proyecto de Partido en que estoy involucrado y creo?
COMO SE CONSTRUYE LA IDEOLOGIA DE UN PARTIDO
El concepto de paradigma político proporciona una buena descripción de este tema y permite apreciar la dinámica epistemológica que entra en el juego de las ideas.
Veamos algunos conceptos originales sobre este importante concepto.
Un paradigma es un conjunto de ideas, de principios, de explicaciones, que conforman el corpus ideológico de un Partido político. Está formado por:
1.- Un conjunto de ideas directrices sobre cómo se entiende la política y el poder; las tareas que se proponen en un proyecto de gobierno, por ejemplo. Es la llamada doctrina del Partido.
2.- Un conjunto de imágenes mentales y verbales sobre los contenidos de la doctrina que se hacen las personas, son las expectativas que se formulan sobre el accionar pasado, presente y futuro del partido.
3.- Un conjunto de ejemplos, que son los resultados mostrados por el partido, sus logros, sus fracasos, la imagen que proyectan sus dirigentes.
Cada uno de esos puntos puede ser medido, manipulado, tergiversado por los opositores ideológicos o adversarios.
El paradigma en sí es flexible, varía con el tiempo, se acomoda, sufre variaciones, de un modo sistemático e irreversible. Como en los paradigmas científicos de Kuhn, pensamos que el paradigma político pasa por etapas:
1.- Se establece con un marco de proposiciones e ideas que presenta a sus seguidores como el camino a seguir;
2.- A medida que se aplica en el tiempo, empieza a sufrir críticas, experimenta fracasos y entra en la tercera etapa:
3.- Crisis.- Los errores acumulados concitan crítica cada vez más generalizada y algunos partidarios abandonan el Partido;
4.- Se produce una revolución interna, en donde los partidarios solicitan cambios en el accionar o en la ideología y se exige ese cambio;
5.- Se abandona el paradigma anterior y se inicia el cambio hacia el nuevo paradigma, modificando la línea ideológica o el estilo de gestión de la directiva.
6.- Los cambios cosméticos, sin profundidad, suelen irritar a los partidarios, por lo cual la información y argumentación del partido debe ser comunicada fluidamente a los seguidores, para disminuir el impacto emocional del cambio.
El problema con que se encuentran a menudo los Partidos, es que no saben sus dirigentes cuando se han cumplido las etapas indicadas y cuándo están enfrentando una revolución incruenta que los puede alejar del poder. Sin embargo, cuando el partido es concebido como una empresa, las mediciones de opiniones pueden hacer que se reacomode el paradigma y se adecue a las nuevas circunstancias. De otra forma, se acelera el natural agotamiento y se pierde el poder o la fracción de él que se ha logrado con tanto esfuerzo.
EL PROYECTO POLÍTICO:
Una vez que se tiene demarcada la base ideológica, los principios rectores que guían al Partido, surge el Proyecto Partidario, considerado como el plan y disposiciones detalladas que se elaboran para la ejecución de lo que se considera bueno y necesario para el país. Es un plan de largo plazo, porque el partido debe prolongarse en el tiempo, sostenido por la fortaleza de sus ideas, enamorando al país con realidades y no con promesas. Por eso la historia demuestra el enorme efecto que producen las revoluciones en sus inicios al comprometer a la población tras un proyecto de cambio que se ve tan real, tan próximo, tan idealista y comprometido.
Un buen proyecto se aprecia rápidamente porque es posible resumirlo en ideas potentes, a veces lamentablemente vacías. Pedro Aguirre Cerda centró toda su campaña en un solo llamado: Gobernar es educar. El segundo Ibáñez triunfó en las urnas con una idea simple pero llena de imágenes para el pueblo: vengo a barrer la corrupción, vengo a cambiar las cosas. Jorge Alessandri señalaba en carteles que eran un grito en las paredes: A Ud. lo necesito, es decir, Ud. también participará en mi gobierno. Para Frei Montalba el slogan era la revolución en libertad, el espacio para los jóvenes. Para Allende el mensaje era vengo a gobernar para los pobres, vengo a cambiar al mundo. En estos cuatro ejemplos los proyectos eran inviables, por lo mismo no se continuó con nuevos espacios presidenciables para los partidos. Era que no habian proyectos realizables y mostrables en los seis años de gobierno, congruentes con los enunciados de las campañas. Las expectativas eran muy grandes y las desilusiones fueron enormes. Y como nunca han existido políticas de largo plazo, salvo en Defensa Nacional, entonces lo que cada proyecto inicia es borrado en su totalidad por el proyecto que empieza. Cada Presidente de Chile ha querido refundar al país como si éste fuera el propósito del poder y el objeto de gobernar.
Para evitar el efecto perverso de las promesas incumplidas, de la destrucción intencionada de las obras del gobierno anterior, los proyectos políticos deben ser claros, viables, medibles en su avance, transparentes en sus costos. Esa es la tarea más difícil del político: conciliar sus ideas con su proyecto, que no sólo de él, sino del país entero, incluyendo a los que no votaron por él.
Lo importante para el marketing de un partido que desee distinguirse de los otros, está en demostrar que tanto la izquierda como la derecha poseen pecados originales. Que han sido incapaces de aunar al país en un proyecto único de desarrollo; que han demostrado su incapacidad para gobernar con los demás y que en su enorme egoísmo –unos por el poder en sí y los otros por sus empresas- han dejado de cautivar, de enamorar al país y han hecho de la política el ejemplo claro del juego sucio, de la corrupción y del nepotismo, vicios que se han apoderado de ellos con las más amplias transversalidades.
CAPITULO 3.-
IDEOLOGÍAS PARA EL CENTRO DEL CENTRO POLITICO. EL APORTE DE LA FILOSOFIA AL IDEARIO PARTIDISTA
3.1. Una ética de la responsabilidad inspirada en Hans Jonas
3.2. Una ética de la justicia inspirada en John Rawls
El Centro constituye una ideología política moderna que es intermedia y conciliadora entre la derecha y la izquierda.
Decíamos que los extremos políticos son cosa del pasado y que la transversalidad y la ambigüedad es lo que conforman el panorama ideológico, por lo que resulta peligroso e incongruente con los tiempos actuales adscribirse a modelos de izquierda o derecha, porque el solo enunciado de pertenecer a una de las puntas del espectro significa, en un país altamente polarizado en dos bandos, en que las personas se asocian de alguna manera con la izquierda o con la derecha, significa hacerse de enemigos y contradictores. Se produce ahora que ambos conceptos significan estar en un extremo del centro, más que un extremo enfrentado al otro. Esta idea es novedosa, pues le da al centro político un nuevo significado: es una tercera vía hacia un proyecto político y no, como antes, cuando el centro era considerado simplemente una opción tibia, sin oportunidad alguna de desarrollo ante dos gigantes ideológicos. Se reproducía en el país la misma situación que en el mundo occidental, que era el campo de batalla entre las ideologías marxistas y liberales o democráticas.
Si examinamos brevemente los datos históricos, los partidos políticos chilenos tienen una larga data en el país: El Partido Conservador que a través de muchas mutaciones llega hasta el presente, parte en 1858; el Partido Radical emerge en 1858; la Democracia Cristiana nace en 1957, el PPD data de los años noventa del siglo recién pasado. La novedad más reciente es sin duda el PRI (Partido Regionalista Independiente).
Ahora, pertenecer al Centro del espectro político significa no adherirse al pasado ideológico y esa libertad proporciona la oportunidad de atender a las necesidades de las personas sin el fardo emocional del enfrentamiento y sin la crítica innecesaria y paralizante. Pertenecer al centro significa libertad y ella, como señalara Hans Jonas, tiene un peso, que es la responsabilidad por ese bien maravilloso.
Si analizamos el tema de la libertad, la mejor metáfora viene de Sócrates, que nos ilumina desde hace 25 siglos porque sus valores son eternos.
Dice Sócrates que la libertad es como una ventana. Una ventana sin límites no es una ventana y si queremos vivir sin límites, entonces perderemos hasta nuestra propia libertad. Podemos ensanchar los límites o acortarlos, y ello dependerá de nosotros y de cada uno de nosotros. Por lo mismo, en una ideología de centro la libertad es importante, quizás el primer valor de la sociedad, pero para gozar de ella debemos tener los límites claros. Para vivir en una sociedad libre necesitaremos de ella, pero bajo el peso de la responsabilidad.
La ventana de la libertad necesita que se definan siempre los límites y ello se consigue mediante el establecimiento de los valores societarios que el Partido comunica a sus seguidores.
Por ejemplo, con una enorme transversalidad, las siguientes son las ideas potentes que se nos ocurren para ordenar a la sociedad, en el sentido de justicia social que como veremos, dio John Rawls a esa idea de orden social necesario:
1.-libertad con responsabilidad
2.-equidad como compensacion social
3.-justicia como imparcialidad (se gobierna con todos y para todos)
4.-responsabilidad ciudadana y política
5.-valores morales universales
6.- descentralizacion administrativa del estado en
relacion a las regiones
7.-tolerancia como indiferencia ante las diferencias
8.-respeto intransable a la dignidad de las personas
9.-respeto intransable a los derechos humanos
10.-confianza mutua entre gobernantes y gobernados
11.-seguridad social con responsabilidad
12.-buena vecindad internacional
13.-imparcialidad del estado ante los ciudadanos
14.-identidad nacional
15.-participacion de los ciudadanos dentro del partido
16.-inclusión de los jóvenes en las tareas comunes
17.- responsabilidad con el medio
18.- distribución más justa de la riqueza
19.- carrera funcionaria para los servidores públicos
20.- respeto e integración de las minorias (etnicas, inmigrantes) siempre que no afecten la seguridad , la moral ni la estabilidad de las instituciones del país
Ideas potentes como esas pueden constituir un ideario del partido y como son transversales, pueden producir una fuerte adherencia. Un ejemplo de que esto se puede lograr está en el gobierno de Frei Montalba, quien consiguió con unas pocas ideas potentes inflamar, como nunca más se volvió a lograr, a la juventud del país dándole tareas a cumplir en la educación de los analfabetos y en la construcción de escuelas. Frei les dio metas que se cumplieron en pocos años, que se pudieron medir y exponer como realizaciones verdaderas.
Las ideas inspiradoras deben ser pocas, pero más vale que sean potentes, entendibles, emocionalmente gratificantes, argumentadas y consensuadas, propuestas desde la cúpula pero democráticamente discutidas y puestas en términos operacionales, evaluadas y seguidas en su implementación. ¿De qué serviría, por ejemplo, un catecismo si los curas no lo respetaran?
Entre los ejemplos que la historia política nos da, podemos recordar el proyecto político que en España, en 1986, permitió al Partido Izquierda Unida ganar una elección. El proyecto que presentó a la opinión pública se basaba en solamente seis puntos, cuidadosamente escogidos para representar los intereses mayoritarios del momento:
Paz y Neutralidad: el objetivo era sacar a España de la OTAN.
Defensa: reforma de las Fuerzas Armadas y del servicio militar.
Autonomía y federalismo: elevación de las libertades en las autonomías.
Economía y mejor trabajo.
Política de conservación y mejora del medio.
Más libertades públicas y participación de los ciudadanos en las decisiones del gobierno.
Con ese basamento político- social se logro el triunfo en las urnas. No hay lucha ideológica, no hay desacuerdos importantes: todos los seis puntos eran sensatos, necesarios e importantes en ese momento.
El arte del político está en reconocer exactamente cuáles son las necesidades sociales del País para hacerlas su caballo de batalla.
EL APORTE DE LA FILOSOFIA AL IDEARIO PARTIDISTA
Si las ideas fundamentales del ideario son transversales, la originalidad filosófica está de más y más vale buscar a referentes que puedan guiar el establecimiento de esas ideas en la sociedad. Por ejemplo, el logro magnífico de la DC de los años sesenta se debió a que esa colectividad supo escoger a las ideas y postulados de Jean Maritain , filósofo que conformó un esquema doctrinario interesante y potente sin mucha originalidad pero sí con conceptos filosóficos duros y fácilmente asimilables, con la palabra cristianismo al centro de la ideología.
Las palabras clave del nuevo partido podrían ser: libertad, responsabilidad, imparcialidad, justicia, equidad, regionalismo.
De los pensadores modernos, hemos escogido a dos, para examinar cómo algunas ideas pueden tener significado universal para apoyar un proyecto político en particular. El primero, Hans Jonas no produce anticuerpos porque su filosofía es sensata, entendible y sus argumentos son potentes. El segundo, John Rawls se asocia mucho con el mundo liberal, pero es igualmente sensato y su argumentación ha sido difícil de entender porque es muy académico y nadie se ha atrevido a hacerlo más popular.
El propósito de acercarse a estos filósofos, es tomar algunos de sus argumentos para que sean aplicables al ideario propio.
3.1. Una ética política de la responsabilidad inspirada en Hans Jonas
El filósofo Han Jonas tiene una contribución importante al pensamiento moderno. Jonas, al igual que Freud, teme que la técnica deje de estar al servicio del hombre y se torne un poder frío y peligroso, en que la humanidad pierde su sentido valórico, como ocurre con la tekné médica, que está al servicio de los más ricos, quienes pueden pagar una tecnología de avanzada, como ocurre con la reproducción asistida. La idea potente surge cuando Jonas critica a los filósofos contemporáneos porque han creado éticas solamente para el presente, sin una visión del futuro, ya que, por ejemplo, si permitimos la destrucción del medio estaremos perjudicando a nuestros hijos, nietos y demás descendientes. Para evitar eso, deberíamos pensar en una ética que prevenga los desastres que podamos provocar en el futuro.
Sobre los políticos, Jonas piensa que ellos son los que tienen en la sociedad la mayor responsabilidad, por lo cual comento uno de sus argumentos al respecto:
Un aspecto de análisis de Jonas está en la responsabilidad autoelegida del político, que si bien quiere acceder al poder por aspectos personales, tiene que aceptar la responsabilidad para actuar en el bien de aquellos sobre los cuales tiene poder. El objeto de la responsabilidad es la cosa pública. En la teoría de Jonas, el paradigma eminente es la responsabilidad de los padres y del político. Para nosotros, se debe entender que en una democracia, el político es quien debiera buscar la solución al tema de la desigualdad profunda que se genera en una sociedad en existe, por ejemplo, la carencia de servicios de salud o la pobreza que se mantiene. El político tiene la responsabilidad sobre el llamado bien público, durante todo el tiempo que se mantenga en el cargo y ejerza el poder. En el bien común, se encuentra el bienestar de la mayoría de la población, y por esta razón, el político, que sustenta el poder, debería, a nuestro juicio, realizar el más decidido esfuerzo por reducir la desigualdad y así lograría placer y reconocimiento a su labor.
Para Jonas, es importante la consecuencia o consecuencias del acto humano a futuro, no bastando la simple consideración de los efectos inmediatos. La ética de Jonas está orientada al futuro, a diferencia de los referenciales éticos que se orientan hacia nuestros actos presentes o pasados. Así, el gobernante tiene responsabilidad con el futuro del país en el largo plazo y no solamente debe estar centrado en el horizonte temporal de su propio gobierno. En Chile echamos de menos la existencia de estadistas con visión de futuro.
Jonas ejemplariza sus ideas en el siguiente párrafo, extraído de su libro El Principio de la responsabilidad:
“El jugador que se juega su fortuna en el casino actúa con ligereza; y si la fortuna no es suya, sino de otro, actúa de manera criminal; pero si es padre de familia, entonces actúa irresponsablemente aún en el caso que la fortuna sea indiscutiblemente suya, y esto con independencia de si gana o pierde. Este ejemplo dice: Sólo quien tiene responsabilidad puede actuar irresponsablemente.
La responsabilidad aquí negada es una responsabilidad de una especie más global y duradera. El conductor que conduce temerariamente actúa con ligereza en lo que a él mismo respecta, pero actúa con irresponsabilidad si con ello pone también en peligro a los pasajeros. Al dejarlos subir al vehículo ha asumido, por un determinado tiempo y con respecto a un asunto concreto, una responsabilidad que de ordinario no tiene con esas personas ni para con su bienestar. La irreflexión, que en otras ocasiones es inocente y que a veces es graciosa, se convierte aquí en culpa en sí, aún cuando todo marche bien. En ambos ejemplos existe una relación de responsabilidad, una relación definible no recíproca. Las circunstancias o un convenio han puesto bajo mi custodia el bienestar, el interés de otros, y eso significa que mi control sobre ellos incluye también mi obligación para con ellos. El ejercicio del poder sin la observancia del deber es entonces irresponsable, es decir, constituye una ruptura de esa relación de fidelidad que es la responsabilidad. En esta relación se da una clara disparidad de poder o de competencia. “
Como se sigue de la lectura anterior, hay derivaciones éticas trascendentes y aplicables plenamente al tema de la responsabilidad ante la desigualdad: el gobernante actúa en forma irresponsable si no tiene en cuenta la proyección en el tiempo de sus actos.
No podemos dejar de mencionar que a diferencia nuestra, en los países desarrollados existen políticas de largo plazo, consensuadas y evaluadas permanentemente por el congreso, de manera de impedir que el país se esté refundando cada cuatro años. Por ejemplo, en Chile cada gobierno ha tenido su propia reforma educacional y ha cambiado los equipos de trabajo existentes, de manera que la mala calidad de la educación chilena es debida en gran parte a esa inexistencia de políticas y anarquía que se produce cuando no se cuenta con expertos ni con líderes con conocimiento histórico de los problemas sociales.
Si queremos resumir las ideas de Jonas y hacerlas aplicables al estatuto epistemológico en que trabajamos, tenemos que considerar que el político auto-elige trabajar para y por las personas y que sus actos pueden afectar a cientos de miles e incluso millones, por lo cual debe haber también una auto-responsabilidad que comparte con sus seguidores. Entonces, los pilares de la sociedad son los políticos y las familias. Ambos estamentos están unidos por la responsabilidad que emana de sus actos. De ahí que la responsabilidad y las consecuencias de nuestros actos partidarios deben ser cuidadosamente evaluados, por lo mismo la responsabilidad, compartida, es uno de los valores importantes del cuerpo ideológico de un partido de centro.
3.2. Una ética de la justicia inspirada en John Rawls
Ningún abogado, ningún político, ningún sociólogo, ningún gobernante actual puede dejar de conocer a Rawls, tanta es su importancia desde la aparición de su libro Una teoría de la Justicia, en el cual, desde la óptica del liberalismo contractualista, expone una teoría que va más allá de los aspectos jurídicos, pues ha pasado a ser un análisis científico y riguroso, una reflexión argumentada de la sociedad política moderna.
Para un partido de centro, dejando de lado las connotaciones neoliberales, hay mucho que extraer de la teoría de la justicia. Sus principios no pueden ser aplicados en un país sub-desarrollado, pero sí en un Chile que avanza económicamente.
Veamos qué podemos rescatar para nuestro molino ideológico.
Rawls es un pensador post-moderno, cuya teoría de la justicia data de la fecha de la publicación de su obra fundamental en 1993 y que se llama Teoría de la Justicia. Conviene conocer a Rawls por la originalidad de sus ideas. Rawls fue hasta su deceso profesor de derecho en Harvard.
En Teoría de la Justicia , Rawls señala que la justicia es una virtud social básica. Más aún, es la primera virtud de las instituciones sociales. Sobre esa virtud se organizan las relaciones entre los miembros de la comunidad y todo el resto de las virtudes de la polis. En este concepto de justicia, no se permite, por ejemplo, la pérdida de la libertad ni aún si ésta beneficia a la mayoría. Es que para Rawls, a diferencia de la democracia, en la cual cuenta la mayoría en desmedro de la minoría, en su teoría el individuo también cuenta . Entonces, ese individuo cuenta tanto como la mayoría.
Para que la justicia sea virtuosa, no puede estar sujeta a transacciones, ni a pactos políticos ni a intereses sociales. Esta es sin duda una nueva relectura de la democracia, que en su formulación actual deja de lado a las minorías cuando se refiere al bien común, definido como el bien de la mayoría.
Rawls acepta la injusticia solamente cuando ésta evita una injusticia aún mayor. El principio moral básico es la reciprocidad, que se expresa así: El otro es semejante y debo suponer que actúa de acuerdo en admitir un criterio de justicia idéntico al mío. Este es, en la interrelación humana, el punto de partida, el grado cero de diálogo mínimo.
Una sociedad ordenada es la que es justa. Para que sea justa, debe basarse en dos principios morales:
1.- Cada cual acepta y sabe que los otros aceptan los mismos principios de justicia. Esta es una aceptación informada, consciente, que no debería provocar ni rebelión ni hostilidad alguna.
2.- Las instituciones sociales básicas satisfacen generalmente estos principios y se sabe que generalmente lo hacen.
Para Rawls es importante, entonces, tanto la reciprocidad como la credibilidad de las instituciones en cuanto a su capacidad para el logro de la justicia.
El propio Rawls señala, a la letra:
“Mi objetivo es presentar una concepción de la justicia que generalice y llegue a un nivel más elevado de abstracción de la conocida teoría del contrato social, tal como se encuentra, digamos, en Locke, Rousseau y Kant. Para lograrlo, no debemos pensar en el contrato original como aquél que es necesario para ingresar en una sociedad en particular o para establecer una forma particular de gobierno. Más bien, la idea directriz es que los principios de la justicia para la estructura básica de la sociedad, son el objeto del acuerdo original”
Para que el acuerdo social funcione, las instituciones sociales también deben estar comprometidas con los principios de la justicia y velar porque éstos se cumplan.
La condición de ciudadano está en la base de la igualdad, pues cada persona es un ciudadano igual a los demás y todos tienen un lugar en la distribución de los ingresos y de la riqueza de la nación: nadie puede ni debe beneficiarse las diferencias, excepto cuando ello redunde en el beneficio de los demás.
El aspecto, a nuestro juicio más novedoso, está en la importancia que da al principio de la compensación en una sociedad justa (ordenada):
“Este principio afirma que las desigualdades inmerecidas requieren de una compensación; y dado que las desigualdades de nacimiento y de dotes naturales son inmerecidas, habrán de ser compensadas de algún modo. Así, el principio sostiene que con objeto de tratar igualmente a todas las personas y de proporcionar una auténtica igualdad de oportunidades, la sociedad tendrá que dar mayor atención a quienes tienen menos dotes naturales y a quienes han nacido en las posiciones sociales menos favorecidas. La idea es compensar las desventajas contingentes en dirección hacia la igualdad. Conforme a este principio podrían aplicarse mayores recursos para la educación de los menos inteligentes que para los más dotados, al menos durante ciertos períodos de vida, por ejemplo, los primeros años escolares.”
En el caso de una injusticia en nuestro país, como es el caso de la pobreza, en que el pobre no ha buscado su destino ni elegido su posición social al nacer, la compensación se hace necesaria, toda vez que ellos son los menos favorecidos, pues se les ha negado oportunidades que tienen los más favorecidos, como son la recuperación salud y la educación de calidad. Los más ricos pueden tener una vida más plena, alcanzar mayor nivel educacional y disfrutar de los bienes económicos. En el caso de la pobreza, existe una asimetría social que requiere de una acción compensatoria. Ello siempre que la pobreza no sea consecuencia de la conducta del mismo individuo.
La acción compensatoria de la sociedad sería justa si proporciona a los menos favorecidos por la fortuna, oportunidades iguales a las que tienen los más favorecidos. A modo de ejemplo, las escuelas para los pobres deberían ser de igual o mejor calidad que las que atienden a los ricos. De otro manera las desigualdades se acentúan y peor aún, se mantienen en el tiempo solamente porque al parecer la tarea es larga, requiere mucho tiempo y los logros los verán otros políticos y los que inician la acción correctiva social pasarán al olvido.
(Continúa en la segunda parte)
REFERENCIAS
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Campos, Nelson (2004) Filosofía de la educación. La búsqueda de justicia en una sociedad injusta. FCB, Santiago
Serra Rojas, Andrés (1999): Diccionario de Ciencia Política, FCE, México.








